Cambio de carril de la extrema derecha al carril central porque el tráfico en este está imposible, obviamente el carril central es mejor, lleva avanzando muchísimo más que este por bastante tiempo. Yo ya no volteo a los espejos lateras ni al retrovisor por miedo, el mismo miedo que me paraliza a las 3 de la mañana cuando mis demonios prenden la tele y se instalan en mi cama. Pero carajo, este tráfico está imposible, el carril de extrema izquierda siempre ha sido el mejor, no entiendo en qué momento pensé que el central solucionaría todo, aquí nada pasa, ni bueno ni malo, aquí me consume el deseo de escanear todos mis espejos y ver cuánta sangre se llevan esta vez. Sabía, sabía que este era el carril correcto, mira nada más la velocidad, la fluidez, las ganas de volcar contra el muro de contención, la desesperación, el dolor, la angustia, la ansiedad, los espejos, los demonios, la televisión, el tráfico, los pretextos; porque no puedo huir?
Llego a casa empapado, ojalá pudiera camuflar las lágrimas en la lluvia, que por si no los saben es mi truco favorito, pero estamos ya entrados en invierno y ya nadie me cree la de la lluvia en interiores. Empiezo a escribir un par de cosas en el teléfono pero mi propio reflejo en la pantalla me recuerda el sonido del metal compactándose, me recuerda el estruendo de la puerta al azotar, me recuerda el radio que nunca le regalé, la mirada de mi madre cuando ya no me aguantaba más; y decido dejarlo para otro día, que hoy mejor agarro la libreta. Después de unos cuantos tachones me siento un poco mejor, las palabras se entienden un poco más, pero mi letra sigue siendo imposible, habrá quien diga que eso habla de mi, yo digo que habla más de lo que no soy, pero tampoco es que sea experto. Reconozco palabras familiares “sangre”, “dolor”, “venas”, “manos” y a lo lejos empiezo a escuchar el monitor de un hospital, los gritos de mi hermana, empiezo a reconocer también el frío del invierno y cuando volteo a la libreta veo un perfecto diagrama del mejor ángulo de caída desde el balcón, intento desesperado encontrar otra pluma, esta está llena de nostalgias, pero ya es muy tarde. Hace mucho que ya es muy tarde, y no importa el carril, el espejo o la pluma. Ojalá alguien moviera ese auto, que tampoco se trata de perjudicar a nadie.
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