Los peligros de ser inflamable.

"El hombre es un animal de costumbre..."
Este fue el comentario que surgio en la mesa, yo, por obvias razones, sufri un ataque severo de asco.
Ahi esta el consejo del dia de hoy: si un dia, en la mesa de casa, la oficina, o la fiesta de tu mejor amigo alguien empieza una frase con las palabras "el hombre es un animal..." ¡Huyan! Escupan su bebida y huyan, porque de ese punto adelante todo ira en decadencia, todo sera un roce cercano a la estupidez clinica.

Hace un par de años yo no sabia esto y me vi envuelto en tal situacion. Era cumpleaños de la novia de no-se-quien que decidio festejar en una cantina. En la mesa se discutieron muchos temas muy mal estructurdos y se defendieron ideas de primaria. Yo esquive casi todas las balas con precision y diplomacia.
-Dios esta dentro de todos. Tu, el de lentes. ¿Que opinas?-. Sonrei y asenti.
-La tristeza es innecesaria y combatible, el mundo seria mejor si todos los deprimidos fueran a terapia. Tu, el de la cerveza ambar. ¿Que opinas?-. Sonrei y asenti.
Un despliegue maravilloso de civilidad y conciencia, era el ejemplo a seguir de niños y adultos. Solo que no lo era. Deje pasar todo mientras en mi cabeza pasaban ideas imposibles de genocidio y la receta que mas temprano me habian dado de pollo al curry.
-El hombre es un animal de costumbre, quita esa costumbre de el y veras su verdadera identidad-. En ese momento en un acto reflejo escupi mi cerveza y rei a carcajadas mientras la anfitriona, que por cierto fue la que hizo el comentario, me dedicaba la peor de las miradas, la que de diriges a un homicida, o a un pedofilo, o a un fan del futbol soccer. Procedi a explicarme porque en algun lugar lei que eso es lo que se hace en ese tipo de situaciones, me puse de pie y les dije que el hombre no es ningun animal, ni de costumbre, ni de familia, ni de nada de nada, les dije que el hombre es un residuo de eso, de lo animal, de lo carnal, un desterrado de todo lo puro; y que, si dios vive dentro de nosotros, de seguro que esta intentando escapar; y que, sin nosotros, los tristes, ustedes los felices no tendrian un punto de comparacion y alguien a quien presumirle lo buena que puede llegar a ser la vida.
La anfitriona me vio directo a los ojos y pregunto:
- ¿Cual es tu nombre?
- ¿Mi nombre? Mi nombre es Jair, pero casi todos me dicen "Adios".
Fue ahi cuando el semblante de todos cambio, sonrieron y asintieron.

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