Por encima, por debajo... nunca en frente.

Hay una variedad de quesos al centro de la mesa, una botella de vino a medio llenar, servilletas y vajilla elegantes. Por la configuracion de la mesa se nota que es un restaurante de prestigio, el tipo de restaurante al que llevas a alguien a una cita, una primera cita. Se pide una variedad de quesos y vino perfecto para hacer galardon de tus conocimientos de maridaje y buen gusto.

Al centro, pasando a un lado del plato de quesos y evitando agilmente cualquier objeto sobre la mesa, se encuentran un par de manos sosteniendose la una a la otra, a traves de la mesa, quizas a traves del tiempo, quizas eludiendo todos los desastres del desamor, quizas sosteniendose inquebrantables.
Y las manos juegan entre si, los dedos se intercalan entre ellos, como si fuera la primera vez que se encuentran, o tal vez como si se hubieran conocido de toda la vida.
No, no podria estar seguro de que es amor aquello que se transmite en la mesa, pero me reconozco en ella y comienzo a recordar aquella escena, y cada segundo que pasa hace que una de las manos se parezca mas a la mia y la otra mano siempre parecio la de ella. Busco señas particulares y encuentro rapidamente el tatuaje en su dedo, y freneticamente busco el tatuaje en el mio, busco en cada angulo y analizo cada milimetro, pero no hay nada, aqui ya no hay nada.

La imagen se comienza a alejar mientras parece que ahora flotamos cada vez mas alto sobre la mesa, y ya no hay duda, este escena es mia, ese queso es mio, el vino perfecto es idea mia, y ella, por supuesto que es ella, esta es una primera cita, tampoco hay duda de eso. Y traviesas las manos aun juegan, juegan y se rozan y se gozan, una de ellas suya, pero la otra, no, la otra no es mia.

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