Anoche te pensé cortando en mí.
Me levanto con el alma en las manos y para compensar el peso perdido decido preparar un licuado, uno de frutas y cereales para darme energía en todas esas tareas titánicas que se asoman al frente, pero lo único que consigo es hacer un licuado de melancolía y falsas promesas, de "que hubiera sido de mi sí..." y recuerdos de todo aquello que se llevó el huracán. Y no, no lo digo como licencia poética, lo digo literalmente, asi resultó mi licuado, mis días, mis ayeres y antieres, todos llenos de ella y carentes de ella, todos testigos de mi tendencia al pensamiento circular, a mi atracción al abismo y mi pavor al morir de pie.
Y si fuera un poco más egoísta, solo una pizca más, tomaría el teléfono y marcaría su número, le pediría que volviera y le diría que todo esto no vale la pena, que todo este tiempo aparte traslada el frío de la piel a los huesos, coloca recuerdos y dolores en todo lo cotidiano, su rostro en la pasta dental, su olor en el desayuno, sus lunares en el cielo, su sonrisa en el interior del párpado izquierdo y los vellos de su espalda erizados en el derecho.
Y si se asomara por encima de aquel muro que construyó para no caer en la tentación y me mandara un beso, arrancaría mi playera y me lanzaría contra el muro para tirarlo a patadas, cruzaría aquella frontera y la tomaría en mis brazos, triunfante.
Y si tuviera la fuerza, solo un poco más de fuerza, reuniría todas las piezas de aquella máquina del tiempo que creé hace un par de años, aquella que inventé como proyecto de ciencias y desarmé por miedo a encontrar en el futuro todo aquello que temía en el presente; la pondría de vuelta en una sola pieza para poder viajar al pasado y advertirme que no todo saldrá como esperamos, que el dolor sólo crecerá, que la tragedia que nos vaticinó aquella gitana en el parque es real.
Y si tuviera el valor de hacer lo que en verdad quiero hacer, si el miedo a su negativa no me paralizara, si no llevara en una mano un escudo y en la otra mano un escudo aun más grande, tomaría la maquina del tiempo y volvería para pedirle que no se vaya. Así es, si tuviera el valor no le pediría que volviera, sino que no se hubiera ido nunca.

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