Rene
Veo tu rostro y recuerdo días enteros en el parque, tú sentado a lo lejos viéndome reír con los demás niños, mandando saludos a los lejos, sonriendo, siempre atento. Pero ahora te veo confundido, cansado, seguro por pensar en cómo es que terminamos en este infierno.
Pero he de decir que, tal vez mi tema se ha centrado únicamente en la pérdida, pero rara vez hablo de esas brillantes luces que me acompañan a todos lados, esas que nunca me han abandonado a pesar de todo, mi hermana, mis tres amigos, mi madre, y por supuesto él. El verdadero y único super héroe, uno sin capa, el verdadero campeón del mundo, uno sin trofeo. Él, que me enseñó a llorar cuando en verdad lo sintiera. Él, que me dio libros de adulto a los siete años porque quería compartir su belleza conmigo. Él, que falló, y lo hizo en grande.
Te recuerdo en aquellos días padre, sentados en el parque, preguntándonos que fue lo que salió mal. Tu departamento era increíble, pero estaba lejos de casa, tu motocicleta era veloz, demasiado veloz como para alcanzarla, tu uniforme de aviador era perfecto, en verdad perfecto como para arruinarlo con un abrazo.
Vaya, te fuiste, eso no es ningún secreto. Y no era tu ausencia lo que más dolía, porque de algún modo siempre estuviste, pero no fue hasta mucho después que lo entendí; pero dolió la compañía en la que me dejaste, entre buitres, cuervos, hienas... Inerme.
Hoy lo veo como una lección por supuesto, pero esos días eran una lucha, una guerra en realidad. Pero no es hasta hoy que intento hacer memoria de cada caída que tuve que recuerdo que siempre estuviste ahí para levantarme, nunca para atraparme, porque entendías que la valía de las lecciones solo se entienden a base de sangre, es hasta hoy que agradezco no solo cada una de tus victorias, sino también cada error. Porque hoy padre, gracias a todo esto me encuentro aquí, quizás vacío de momento, si, pero completo, por extraño que suene eso. Porque me enseñaste a ser un contenedor y no un contenido, me enseñaste a mostrar amor y no solo clamarlo. Gracias a tus victorias y gracias a tus errores soy Jair, el Jair que se conoce lo suficiente como para poder admitir que está vacío, un contenedor vacío. Y aunque es verdad que, ahí en donde las personas normalmente tendrían un corazón yo tengo un agujero negro capaz de convertir todas mis victorias en vacíos, aún conservo a un lado un pequeño templo, uno que tu mismo edificaste y está repleto de aventuras, de viajes, de cariño, de comprensión. Un templo llamado Rene, mi padre por esos nexos que confiere la sangre, mi mejor amigo por esa tradición que tiene de amarme.
Yo se que estás cansado padre, de todo esto, de todo aquello, lo noto en tus ojos y lo escucho en tus pulmones. Pero por favor no te vayas de mi lado, tu no por favor, aún tengo mucho que mostrarte, aún quedan momentos que no te he podido regalar. Perdón que escriba todo esto entre lágrimas pa, pero tengo miedo de perder a mi mejor amigo, a mi confidente, a mi red de seguridad, de quedarme sin tu amor. Aguanta padre, aguanta mi templo, aguanta de pie, aguanta a mi lado.

Comentarios
Publicar un comentario