2+4+1 y una que desapareció.
Nos despedimos, siempre con miedo, siempre volteando un sin número de veces, esperando el contacto visual y el regreso que tanto nos ha prometido el cine. Pero nos despedimos, siempre nos despedimos.
Hace tiempo estuve cerca de uno definitivo, un adiós con misa y llantos. Y déjenme les digo, no hay imágenes de tu vida pasando por tu mente, no hay recuerdos de aquellos bellos momentos; las personas amadas que se supone deberían aparecer frente a ti ni se enteran del suceso, no existen en este proceso, porque un poco más al frente te enteras de lo poco que pesabas, del minúsculo espacio que ocupabas. Y por supuesto la luz al final del camino, que engaño. No hay ninguna luz al final, solo desesperación, solo impotencia. Por saberte tan fútil, por conocerte tan efímero. Lo único que espera ahí es la desilusión de saber que todo lo que eras, todo lo que hiciste, todos esos nexos que creaste no sirvieron para nada, el dolor de saber que todo aquello que amaste te amara por un tiempo, hasta que encuentren algo más que amar. Y yo, yo por supuesto elegiría eso el día de hoy sin pensarlo un segundo, porque a pesar de saber que la nada era el destino al menos ya me encontraba ahí, antes de la jugada de la vida de traerme de vuelta. Pues yo se los regalaría hoy sí y mañana también, yo lo entregaría todo con tal de olvidar lo que aprendí. Que la crueldad es natural y hoy lo entiendo, que la vida siempre me dio más de lo que merecía y no lograba entender el porque, no lograba atar los cabos sueltos de tanto decoro ante tanta desfachatez. Pero hoy lo entiendo, vida, el plan que tú tenías, el esconderte en una esquina y observarme en un frenesí de momentos que no merecía, para llegado el momento, el momento en el que estuviera en la cima, regresarme a la sima, a donde pertenezco. Entiendo hoy que lo que tuve fue solo el primer paso para lograr hacerme llegar al desamparo, para que entendiera la pérdida, la de verdad. Que la vida es cruel, ya lo sé. Y sus habitantes malvados. Es por eso que hoy escribo esto no como un confesionario ni como una epopeya, escribo esto para contarles un pequeño secreto mío. Y éste es qué, cuando me encuentro en una habitación, rodeado de gente, y las luces se apagan; entro en pánico, un terror indescriptible. No porque le tema a la oscuridad, sino porque se de lo que la gente es capaz de hacer cuando creen que nadie los mira.

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