Ya no te busco entre líneas, porque no te encuentro ni en memorias.

He estado mal últimamente, me refiero al tipo de mal de hace tiempo, he estado viendo cosas una vez más, y esta vez no puedo apagarlo.
Mientras cortaba una zanahoria a manera brunoise para preparar la sopa de verduras que había decidió para el día me di cuenta de que el cuchillo con el que lo estaba haciendo era nada menos que un cuchillo para filetear, por supuesto como el obsesivo que soy decidí que eso no podía continuar más tiempo y me dirigí al cajón en donde guardaba el cuchillo adecuado, cuando abrí el cajón dentro de él apareció una tarde en el centro comercial, era yo recostado en el regazo de la chica de ingeniería industrial. Platicábamos de alguna tontería de la que yo no tenía ningún interés, ella hablaba poco y discutía aún menos, aceptaba cualquier cosa que saliera de mi boca como un axioma, una pesadilla aquella chica. Y estaba sentada justo ahí, entre el cuchillo panero y el cuchillo cocinero, acariciando mi cabeza y sonriendo. Quise tomarla entre mis dedos y preguntarle que carajos veía en mí, quería entender que la tenía sonriendo de esa manera cuando ella y yo no teníamos nada en común, quería saber que la anclaba a mi lado, ¿el sexo?, ¿las pláticas?, ¿la apatía?. Cuando estiré los dedos para levantarla se esfumó. Nunca entendí a esa pobre criatura, perdiendo el tiempo con un tonto.
Tomé el cuchillo cocinero y volví a la tabla de cortar para terminar de una vez con la zanahoria. Fui al refrigerador a sacar un poco de perejil que sería esencial para ese sabor que buscaba en mi platillo, picado, no entero, a manera chiffonade para obtener más sabor. Al abrir el refrigerador encontré a María, aquel amor imposible de secundaria. Recostada en su cama escuchando “sleeping with ghosts” mientras yo leía el libreto y pasaba los dedos por su antebrazo. Ella amaba eso, y por supuesto yo diligente le entregaba las caricias. Estaba perdidamente enamorado de ella, pensaba en ella como un imposible, lo cual seguro fue lo que la volvió inalcanzable, ella se sabía deseada y jugaba conmigo, provocaba y alejaba, acariciaba y pellizcaba. Alguna vez la besé, fue a la primer persona que besé estando enamorado, ella no se resistió, fue un beso largo, con los labios apretados y un fuerte abrazo, con mis manos en sus mejillas y las suyas en mi cadera, fue un gran beso. Y pensé en ponerme de cuclillas y preguntarle porqué, por qué nunca fui suficiente para ella, porqué ese beso significó tanto para mi y tan poco para ella, porqué todo aquello que he amado me ha consumido de esta forma. Pero al ponerme de cuclillas lo único que encontré fue comida, solo comida.
Cuando entendí el patrón de todas estas visiones impulsivamente corrí a buscarla, a ella, a la de verdad, a la que aún lleva consigo mi todo, mi poco. Abrí el ropero y encontré a la chica que vivió en mi casa, mire debajo de la cama y encontré a aquella niña delgada que me gustó al instante en una pequeña pizzería, abrí la caja en donde solía guardar los besos y abrazos que no le había podido dar y no encontré nada, ni una pelusa.
Fui un tonto. Cuando decidió irse se aseguró de engañar hasta a mi locura, ella no está en ningún lugar al que yo pueda llegar.
Después de eso, aún en un estado deplorable corrí al ordenador y busqué el número de atención telefónica de la real academia de la lengua. Después de lo que se sintió como una eternidad por fin logré comunicarme con el área que necesitaba.
-Buenas tardes, le atiende Nancy (Si, Nancy, por dios.) ¿En que le puedo ayudar?
-Nancy, soy Jair, espero tú seas la indicada para ayudarme, he pasado por cinco de tus colegas y ninguno ha sido de ayuda.
-Dígame señor.
-Me gustaría cambiar el significado de la palabra “siempre”. Verá, en su definición pone “En todo o en cualquier tiempo.”, y ella no está, no importa a donde voltee, no importa en donde busque. Ella no está. Dijo que estaría para siempre. A pesar de que batalló para poder decirlo lo dijo, dijo que estaría conmigo siempre y ella no está, ella… Fue ahí cuando rompió en carcajadas, justo como los otros 5. Después de unos segundos se calmó y dijo.
-Gracias señor, me acaba de hacer el día.
Y colgó. No me dio ni la oportunidad de decirle “Nancy, esto no es una broma. Esto es muy serio. La definición debe estar mal. “Siempre” debe tener otro significado, ella no me mentiría Nancy”. Por dios Nancy, me colgaste.
Y bueno, me encantaría decirles que todo esto es solo una metáfora, pero no. Todo esto paso justo como se los describo, no hay licencia poética ni hipérboles complicadas. Nada de esto es una broma. Ya les digo. Que no he estado bien últimamente. Y ya no hay manera de apagarlo.

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