Amuletos.
El problema es que no nos basta el tiempo, no nos basta la distancia, mucho menos lo que se nos vende como solución . Porque nadie sabe lo que duele un golpe hasta que lo recibe, nadie sabe lo que pesa una vida hasta que es obligado a cargarla, nadie conoce la asfixia de su ausencia, nadie.
El problema es que miro al frente y puedo encontrar puntos de interés, y decir “Bueno, al menos aún puedo caminar” pero al momento de querer extender la pierna no encuentro motivo para hacerlo.
No quiero avanzar, porque ahí delante existen las posibilidades; las noches de fiesta y mujeres, existen funciones en el cine por la tarde, caminatas por los parques, pasear al perro con las gafas de sol puestas y una resaca espantosa, visitar el supermercado y no salir con nada más que lo necesario para sobrevivir unos días, una fogata que se apaga poco a poco, una estrella que cada vez brilla menos, una canción que años después aún me recuerde a ella, un hueco, un suspiro, una traición, un tren que descarrila.
No quiero avanzar, porque ahí delante existen las posibilidades; las noches de fiesta y mujeres, existen funciones en el cine por la tarde, caminatas por los parques, pasear al perro con las gafas de sol puestas y una resaca espantosa, visitar el supermercado y no salir con nada más que lo necesario para sobrevivir unos días, una fogata que se apaga poco a poco, una estrella que cada vez brilla menos, una canción que años después aún me recuerde a ella, un hueco, un suspiro, una traición, un tren que descarrila.
Hace un tiempo me dijo que tomaría una decisión, me dijo también que era yo, que siempre he sido yo, me dijo “Te amo”, me dijo “Hasta pronto”, hace un tiempo, hace ya bastante tiempo. Ahora cruzo los dedos y espero que el silencio de todo este tiempo solo sea ella pensando las cosas, acomodando las piezas, cortando los lazos, quemando los puentes. Aún espero que el silencio no sea la respuesta a esa decisión, aún espero que Santa Claus me traiga aquella bicicleta que prometió, aún espero que todas las estrellas fugaces cumplan esos deseos que alguna vez pedí, que todos esos centavos que gasté en las fuentes un día rindan frutos… pero bueno, creo que ya entendieron el punto. Que cuando no caigo me lanzo, que cuando no duele pellizco, que cuando no quema… bueno, es porque la fogata se está apagando.
Lo tuvimos todo. Hoy me queda un calendario que me regaló para poder contar los días sin ella y un reloj para poder clavar la mirada mientras pasan los segundos.
Cuando dan las 11:11 cierro los ojos, pero nunca pasa nada.


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