El final. No. El camino.
Ahora soy un adulto de tiempo completo. Tengo el ceño fruncido. Tengo una cuenta bancaria. Hay más calcetines en mis cajones que videojuegos en mi estante. Me han roto el corazón, he roto más de uno. Tengo barba, los niños me dicen señor. Ya casi nunca pienso en el amor que perdí, sino en el que me gustaría recuperar. Y eso, justo eso último es de lo que quiero hablar, porque antes perdía algo y salía al mundo a encontrar algo nuevo, algo mejor. Hoy ya sé la diferencia entre la aventura y el sopor, ya sé cuánto tiempo toma un cuento y cuánto tiempo toma una fábula. Ayer, por ejemplo, tomé una cerveza, y no me supo a la fiesta a la que iríamos mis amigos y yo esa noche, no me supo a tropezar de ebrio en un arbusto y permanecer incrustado en él riendo como tonto. No. Me supo a hace 7 años, me supo a las desveladas sin razón, me supo a mis diecinueve años, a salir a un bar y llegar con la mirada afilada y mis mejores piropos a ras de lengua. Me supo a pasado, como ya todo me sabe. Hoy todo me sabe a recuperar, a regresar, a volver a intentar. Hubo una época en que gané, y gané de más, pero ya el mundo comienza a pasar factura de todo eso que me lleve sin pagar.
Abro mi cartera y lo único que encuentro es una vieja foto, tu y yo en el mar.
Recuperar, regresar, volver a intentar.


Comentarios
Publicar un comentario