Y por un momento pensé ¿Cómo es que sobrevivo?
Me despojo de las caricias, de esas que llegaron por las noches y se marcharon por la mañana. Me despojo de tus labios, los cuales me tuvieron a su alcance y olvidaron su destino. Me deshago de mis brazos, que qué caso tiene tenerlos si no es para sostenerte. Me deshago de las lágrimas, a diario. Me descalifico categóricamente de mi calidad de amante. Pero sobre todo reconozco en estas letras la falta de tu aliento, el retorno de tu ausencia, la incongruencia de no extrañarte todo el tiempo sino sólo cuando no estás… y nunca estás.
Y que fastidio el tomar la pluma y dedicarte estas letras mientras el teléfono vibra, mientras las miradas no paran, mientras las opciones me inundan. Pero cuando despierto a la mitad de la noche y a mi lado reconozco una silueta, me acerco cauteloso y olfateo su cabello, como un lobo. Esperando que esta vez sea tu olor el que reconozca en esa acción, esperando que voltees de reojo como lo hacías en aquella época y me dediques una sonrisa, me regales un beso.
Me rehúso a ser tan débil, pero ya no tengo la fuerza para más. Me rehúso a soñarte en mi vida una vez más, pero cada que cierro los ojos anhelo verte. ¿Cuántas veces podré engañarme a pensar que sin ti todo estará bien? ¿Cuántas veces podré escribirle a tu recuerdo sin recuerdos nuevos en la puerta?
Te dedico canciones aún cuando no estás, te busco en mi almohada aún cuando nunca conoció tu rostro, te cuento historias en la noche aún cuando las noches ya no llevan el calor de tus abrazos. Te extraño, por supuesto que lo hago, aún cuando debería odiarte, aún cuando debería dejarte ir como tú seguro lo has hecho. Pero el hecho es qué cuando hago una incisión en mi pecho y rompo un par de costillas para tener buena vista e intentar descifrar qué es lo que anda mal dentro de mí, solo encuentro una pequeña nota con tu nombre y un diminuto corazón dibujado, y para cuando las costillas soldan y la herida no sangra más, lo único que puedo pensar es “ojalá estuviera aquí”, y solo para cerciorarme arranco los puntos y las rompo una vez más, porque yo nunca aprendo.


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