Tiempos de fantasía en mentes de realidad.
Había pasado cerca de un año desde la última vez que nos vimos, cuando se despidió de mí, dijo "Eres el amor de mi vida, nunca lo olvides" después desapareció, después desaparecí.
Hoy quedamos en cenar después de todo este tiempo, en su restaurante favorito por supuesto. Llegué temprano como siempre lo hago y pedí una naranjada con agua mineral, después, acomode meticulosamente todos los objetos de la mesa a manera de crear un cuadrado con ellos, después un círculo, después un abismo. La hora acordada llegó y media hora después apareció ella, claro, tarde, como siempre lo ha hecho. Llegó tarde a mi vida y esperó encontrar en mí todo aquello que yo ya había perdido en el camino, llegó tarde y esperaba recibir cosas que estaban profundamente enterradas en el jardín de aquella vieja casa en la que crecí, llegó cuando ya no me quedaba mucho amor para dar y por ende tenía que ser sumamente cuidadoso de en donde lo depositaba. Sin embargo me cautivó, sin embargo llegó a tiempo para tomar en su totalidad lo que quedaba de amor. Pero no fue suficiente. Nunca lo es.
Cuando se sentó a la mesa me encontró con la mirada perdida en el filo del cuchillo, y me dijo que hay cosas que nunca cambian, "Sí, como tu sarcasmo." pensé, después desordenó todo lo que estaba en la mesa para acomodar su bolso y su teléfono celular, un caos, como siempre.
Sabrán que fue ella la que me busco para cenar, fue ella la que llamó y dijo "Jair, quiero verte.", pero claro, fui yo el que no se negó. ¿Como podría? Ha pasado casi un año y aún digo su nombre antes de dormir. Sin embargo nunca he estado cerca de levantar el teléfono y marcar su número, y no por falta de ganas, ni de valor, ni de amor; simplemente porque entendí que tener una opción de recuperar algo que quieres y negártela por el bien de otra persona sería la mejor forma de demostrar que en verdad cuando se marchó, no fueron sus cosas lo único que se llevó, también se llevó todo lo mío; de demostrar que no es dejar ir a lo que amas lo que importa, es no causarle más daño con tu presencia, o algo así.
Ordenó un whisky en las rocas y se burló de mi naranjada, y después continuó con la conversación.
-He estado pensando mucho en ti Jair. En aquellos días en los que en verdad me sentía amada, esos días en los que me sentía invencible a tu lado. Riendo días enteros y pensando que los sueños a tu lado tenían más trazos de realidades que de fantasías. He estado pensando en todo lo que me llevó a alejarme de ti, tus malos humores, tus depresiones interminables, tu negativa a buscar la felicidad a pesar de lo grandioso que teníamos, pero a pesar de sumar todo ello y de intentar encontrar el punto de quiebre para mi partida no he llegado a encontrar la verdadera razón de el porque lo hice. Porque a pesar de todo siempre estuviste para mi, en tus malos humores siempre encontraste una sonrisa para regalarme, en tus depresiones siempre encontraste un abrazo para calentarme, y a mi lado, solo a mi lado se te veía feliz.
-Lo fui, lo era, solo a tu lado lo era. Pero no entiendo de dónde viene todo esto. No entiendo a que vas.
-Te quiero de vuelta.
-Yo nunca te quise lejos. Sabes, todo este tiempo he estado haciendo un collage de todos nuestros momentos, y recupero de mis memorias un día bajo la lluvia, solo para robar tus labios de ese día, tomo de una mañana soleada tus ojos reflejando la luz que entraba por las persianas, de un día frío tomo tu nariz mientras está completamente roja, robo tus mejillas de un recuerdo de ti en la regadera, también busco entre memorias hasta llegar a la época en la que tu cabello era rojo y caía de forma espléndida sobre tus pequeñas orejas, y tomo ambos, tu cabello y tus orejas; y con todos estos recuerdos reconstruyo tu rostro y le doy un beso en la comisura de los labios, y con la voz baja, quebradiza, te pido que no me des la espalda, que no nos sacrifiques.
-¿Qué quieres decir Jair, eso es un no?
-Eso es un "No me necesitas de vuelta, yo siempre he estado aquí."
Entonces estiró las manos hacia mi y las acarició por un largo rato. Después de eso reímos de tonterías y nos robamos la comida de los platos, pedí un whisky para mi y otro para "La bella dama." y una vez terminada la cena nos dirigimos a su departamento. Después de cerrar la puerta tras de nosotros vivimos una vida feliz y encontramos el valor para perdonarnos.
Claro, todo esto si ella hubiera llegado, pero no lo hizo, ni media hora tarde ni tres horas después.
Pasé tres horas en ese lugar esperando por ella, me llené de pan de mesa y tomé suficiente café como para despertar a un muerto, tres horas después me sentí como atrapado en un especie de sitcom americano, el público reía, arremetían con los pies contra el suelo. Pedí la cuenta y me levanté lentamente después de pagarla, como dándole más tiempo, como un total imbécil. Salí del restaurante y desencadené mi bicicleta del poste, la amarre alrededor del asiento y cerré el candado, volteé hacia todos lados, como buscándola, ciego. (El público hacia "Ahhh", en tono de ternura). Subí a la bicicleta y comencé a pedalear lentamente, tambaleándome por la calle (El público callado), no iba a ningún lugar en particular. Después de un tiempo escuché un estruendo y alcé la vista, había una intersección entre la calle en la que transitaba y las vías de un tren que se acercaba a toda máquina (El público se deslizaba hacia la orilla de sus asientos), me levanté del asiento de la bicicleta, sobre los pedales, y sumí con todas mis fuerzas el pedal que descendía (Se comenzaba a escuchar una canción triste, con tempo apagado), y comencé a acelerar... (Todo mundo aplaudía).


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