Humo, pero de un mal fuego.

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Aún después de todo este tiempo me preguntó de qué color resultaría mi corazón una vez que entrara en contacto con el aire, qué espantos revelaría bajo el microscopio.


A veces juro que me ve como diciendo adiós, como mandando un beso al aire y deslizando un hasta nunca en el viento, con un par de ojos no vacíos, sino llenos de entendimiento, entendimiento de que no existe en mi una sola fibra fácil de amar, de que cada noche duermo con un ojo cerrado y el otro abierto.

Yo también temo, yo también lloro, yo también huyo.


La dejo en casa después de un día difícil, y me dice un “Ciao” que me vibra hasta la médula, que me aterroriza, la miro a los ojos y ella ve a través de mi.

¿Hace ya cuántos años que soy de humo?

Llego a casa y al entrar se me escapa un enorme suspiro.
Cierro los ojos y al hacerlo se desborda una de esas lágrimas que se ocultan en el párpado inferior,
la veo caer,
la escucho tocar el piso,
hace un escándalo,
todos ríen,
hace un escándalo,
afuera llueve,
hace un escándalo,
cae un trueno y todo se calla…
Azoto dos puños en mi pecho y azoto dos puños en el piso.
Ya todo está callado, hay un poco de sangre en el piso.

Me imagino que será de este color, nada especial.

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