Un lugar entre la dermis y la aorta.
De entre la piel que llevo entre las uñas
La sangre en la yemas de los dedos
De entre el dolor del sol en la cara
Al hastío del primer grillo por la noche
Hasta aquí
Hasta el velo que cubre mis ojos
Dame un par de razones
No más
Concentrame, concentrame en tu café y tómame por las mañanas.
Repara este muro, levantalo una vez más y quédate fuera, lanzando las provisiones necesarias para el olvido.
Manda dosis pequeñas de pasado para sobrellevar la abstinencia.
Construye una puerta para cuando te quiera dejar entrar de nuevo y desliza la llave bajo la puerta.
Cierra los ojos y lee un poema que te recuerde a mi, uno mío, de preferencia, y trata de adivinar qué demonio me poseía en el momento, trata de adivinar si aquel sentir era de corazón o de aparador.
Toma una siesta bajo nuestro árbol favorito y trata de soñar, invocando a un Jair antiguo, uno que volteaba y de perfil te regalaba una sonrisa, trata de recordar cómo es que llegamos a ese lugar por primera vez.
Pero sobre todo quémalo todo, quema estas manos y deshazte de esta sangre, entierra mis huellas en cenizas y acaba con este dolor que me persigue a donde sea que vaya, hazlo de noche para que por primera vez brille más fuerte que la luna, cubre mis ojos y dame un beso en la mejilla para tratar de hacerme entrar en razón, abre el contenedor que resguardaba mis sueños, ve el último pétalo caer mientras las vendas que cubren mis ojos se incendian.
Descuida.


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