No un adiós, no un hasta luego
Encontré en esa mirada algo que creía perdido hace tiempo, algo abandonado entre viejos amores y eternos dolores, algo en esos labios que me recordó el anhelo de tocarlos. Recordé también el hastío de la incertidumbre, el sabor de la derrota, el sopor de un te extraño, el cansancio de buscar un rostro entre multitudes, un "te quiero" entre líneas, un "aquí estoy" entre rechazos. Y ya no sé cómo mostrarle estas cicatrices para hacerle entender que aquí ya no queda mucho.
Y tratar de hacerle ver, que si existe un súper poder que se me pudiera asignar, sería ese de llegar siempre en el momento equivocado, ese de arruinarlo todo y proclamar amor, ese de tomar su mano y ponerla contra mi pecho para mostrarle el desfase que existe entre todo lo que quiero y todo lo que llega.
No fue su culpa, entró por la puerta de emergencia mientras yo intentaba azotar la delantera. Para cuándo me di cuenta y logré voltear ya me estaba abrazando por la espalda, la mejor clase de abrazos. Para cuando tomó mi rostro y me dió un beso ya era muy tarde, para ese momento ya lo había arruinado todo meses adelante, para ese momento ya le había roto el corazón un domingo por el medio día, para ese momento ya estábamos postrados, espalda con espalda, cada quien con un arma, listos para disparar.


Comentarios
Publicar un comentario