Día 714 de muchos por venir
Y entonces le conté una historia en la que, por amor, crucé el desierto de Arizona; le conté también de aquella vez en Alaska, en la que por un beso boxeé contra un oso; le leí un poema que escribí desde prisión titulado "Día 714 de muchos por venir" de una serie que duró por más de 5 años. Historia tras historia de hazañas increíbles, algunas verdaderas, otras aún más verdaderas que las anteriores. Le mostré las cicatrices que llevo en el cuerpo de esos días de desapego y le mostré un par de lágrimas que llevo cristalizadas en los lagrimales, esas que, cuando cierro los ojos con la suficiente fuerza aún se entierran en la piel, engrosando la herida.
Le platiqué un millón de historias en las que fui un heroe, la definición de un caballero, un escritor de renombre, un tenista de altura, un feroz ajedrecista, un salvaje boxeador, un buen mentiroso, un excelente amante, un perdedor.
Lo que no le conté en ese momento es que de eso ya no queda mucho, si no es que nada; lo que no le mostré fueron las heridas de aquí adentro, que nada tienen que ver con aquellas niñerías de afuera; lo que nunca pudo sentir fue la atracción del vacío que me persigue, el sopor del aburrimiento que cargo.
Lo único que pude hacer fue acomodarle el cabello detrás del oído, abrazarla y confesarle "Ya nunca jamás tendré la fuerza para cruzar el desierto, ni el tuyo ni el mío."


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